Orientalismo pasado de rosca

Leo en El Orden Mundial del siglo XXI un artículo tan, tan, TAN desorientado que no he podido evitar desmenuzarlo: “Al Ándalus y la distorsión interesada de la Historia“. Vaya por delante que no soy arabista, pero me he criado en un hogar de arabistas y he tratado en persona a algunos de los que critica un autor de 27 años.

Vaya por delante que leo mal y entiendo peor el árabe, y que hablo mal y no leo hebreo. He pasado años conviviendo con israelíes judíos, y bastantes semanas con israelíes musulmanes, o árabes del 48. Algo menos de tiempo con árabes musulmanes, o con árabes cristianos. De esa vivencia, y de mi contacto académico previo con la islamología – o la cultura formal en general – salen estos comentarios.

Si he citado la edad del autor es debido al presente continuo, inmediato y asombroso que emplea.

El nacionalcatolicismo afirma que es un paréntesis en la Historia de España en una narración histórica que persigue dividir el pasado y el presente entre civilización —Occidente— y barbarie —islam—

Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias. O, al menos, seriedad. “El nacionalcatolicismo afirma”. Me quedan muy pocas semanas para cumplir los 48 años. Recuerdo perfectamente la muerte de Franco, y tuve que memorizar el catecismo cuando era muy niño. Sin embargo, si en los 70 no ibas a un cole muy, muy religioso, no se podía afirmar que se te estuviera educando dentro de los parámetros de un nacionalcatolicismo en sentido estricto. Yo fui antes educado en el mito del Al-Andalus paradisíaco que con Santiago Matamoros, al menos como lo planteaban los libros de Anaya de historia para últimos cursos de EGB

De hecho, el nacionalcatolicismo es tan estrambótico y excepcional como lo fue “la conjura judeo-masónica”. Para cuando se aprieta el botón de inicio al Desarrollismo, eran ya vocabulario vacío de un imaginario que nunca se llegó a tomar excesivamente en serio. No les cuento 10 ó 20 años después. Y antes del 39, por supuesto, el nacional-catolicismo no llegaba a la categoría de anécdota.

Es aún peor si se refiere a Al-Andalus en particular, o al Islam en general. Por más que en los libros escolares de los años 40 y 50 hubiera imaginería naif sobre Santiago Matamoros, eso convivía perfectamente con una narrativa orientalista de detalle esencialmente diferente a la que criticaba Edward Said. Si europeos o norteamericanos se permitían lujos superficiales imaginando al Islam, en la península ibérica se vivía la tensión de la construcción de una historia que no podía ser monolítica ni aún cuando se intentaba.

Además, los mismos años de Santiago matamoros o del nacional-catolicismo eran los de la “tradicional amistad hispano-árabe”, creación franquista poco recordada y en absoluto sustanciada que sobrevivió unos años a la llegada de la democracia, y cuyos últimos estertores permitieron la celebración de la Conferencia de Madrid.

Por todo lo dicho, no queda sino llegar a la primera conclusión: el autor jamás vivió el nacional-catolicismo. Si no se educó en un colegio fundamentalista religioso, en el año 2000 no tenía que memorizar como me tocó a mí el catecismo a finales de los 70. Hablar del nacional-catolicismo en presente, como factor influyente en algo, es comenzar un argumento construyendo un hombre de paja y un enemigo absolutamente ficticio al que contraponer todo lo que le pluga a su creador.

A continuación, el autor menciona un concepto que me deja patidifuso y estupefacto:

islamofobia de género

Confieso que no conocía esta hibridación entre violencia de género e islamofobia, y probablemente no era el único. Hay que asumir que “el occidental” es doblemente culpable, por su fobia a la cultura islámica y por el heteropatriarcado opresor. Sólo añadiría que las culturas musulmanas tienen mucho más camino que nosotros por recorrer de cara a la violencia de género o hacia el trato igualitario y respetuoso a la mujer o a las orientaciones sexuales no heterosexuales. Asumir que rechazamos al Islam al mismo tiempo que violentamos a las mujeres es, de hecho, violentar (alegremente) a la realidad. Por más que la mayoría de musulmanes sean ante todo padres, hermanos, esposos e hijos ocupados en sacar sus familias adelante y vivir lo menos mal posible, no es menos cierto que en Levante persiste el asesinato por honor (la pérdida de Hurma) y que la violencia de género hacia mujeres de fuera de la familia es un problema mucho mayor que en Europa. Por lo tanto, Islamofobia de género es una aberración intelectual.

Sigo

En el caso de España, la otredad respecto del islam se ha construido en torno al imaginario de Al Ándalus, un período de alrededor de 800 años de Historia de la península ibérica encasillado desde el nacionalcatolicismo franquista como un paréntesis en la Historia de España.

Desconozco lo que se explica en el Máster que cursó el autor (imagino que en esta década) o las conclusiones a las que llegó en persona. Para quien no lo sepa (no sé si el autor), hay que señalar que la moderna escuela de arabistas española tiene bastante más de un siglo, que es reconocida fuera de nuestras fronteras debido a su gran nivel, y que ese imaginario no es tal ni para los arabistas ni para los historiadores académicos. Eso sí, al menos llegamos a un avance, a que el nacionalcatolicismo fue algo franquista, sobre lo que no debería caber hablar en presente.

Visto de otra manera: ¿Dónde entra la mencionada amistad hispanoárabe en ese presunto imaginario anti? ¿Dónde cabe la abundante, socorrida y productificada celebración de nuestro pasado andalusí?

La cosa empeora, porque a renglón seguido se mezcla la “idea” de España

Pero datar el nacimiento de España es difícil; existe un amplio debate en el que las horquillas manejadas oscilan desde los siglos XV y XVI hasta el XIX.

Es difícil… si se desea que sea difícil. O sea, si no se reconoce la realidad básica de España. Si no, hay una prueba dolorosamente sencilla: buscar las referencias nacionales y, sobre todo, extranjeras, a España. Si España “nace” (sea lo que sea nacer) en el siglo XIX, Felipe II habría sido rey de la república de su casa y no de España.

No entro en detalle sobre la unión entre las ideas de S. Huntington y el nacional catolicismo porque, al final, va a resultar que el choque de civilizaciones mató a Manolete. Y hasta ahí podíamos llegar.

Donde sí que quiero entrar es en este peligroso párrafo:

Mientras la Europa cristiana se mantenía en su letargo cultural, la civilización-cultura islámica se situó a la vanguardia comercial, cultural y científica, un esplendor que se aprecia en el califato abasí (750-1258), bajo cuyo amparo se desarrolla —y se convierte en oficial durante muchos siglos— la escuela islámica Mu’tazila, cuya dedicación se orientó a la traducción e interpretación de obras filosóficas griegas y a la difusión de una teología islámica racionalista. A esta corriente teológica pertenecen algunos filósofos, como el centroasiático Al Farabi o el conocido médico persa Avicena

Lo esencial en la vanguardia cultural islámica fue la preservación de la “razón helenística” entre los filósofos musulmanes como Al Farabi, Avicena o Averroes, que posteriormente dará paso a la etapa del Renacimiento europeo y siglos más tarde evolucionaría hacia la democratización de Europa bajo los principios de la Revolución francesa.

Así, al pronto, me surgen algunas objeciones:

  1. Un texto inspirado en el conocimiento académico no puede hablar de letargo cultural en la Europa de esos siglos. Esa visión lleva décadas superada y por motivos conocidos
  2. Situar el califato Abbasí como un continuo sociopolítico y cultural que acaba en 1258 es aberrante. Si arranca en el 750, en el 820 los Tahirid se habían independizado en Persia y el califato fue reduciéndose hasta ser un reino musulmán más para el momento en el que los fatimíes se hacen con el norte de África y Egipto, a mediados del s. X.
  3. Sin duda, el error más nocivo es la metonimia. Subrayar la escuela Mu’tazila como luz del Islam, cuando era sólo una entre varias y no ha sobrevivido, precisamente porque las demás la tachan de herética y la ponen en relación con Bid’ah, con innovación. Bid’ah es un concepto complejo de las escuelas teológicas islámicas (e.g., respuesta teológica a la gravedad de Bid’ah) que, entre otros factores, parte del carácter perfecto del Qur’an y finalista del mensaje del Profeta. La evolución teológica del Islam niega, al final, espacio a Mu’tazila. Mu’tazila fue un episodio tan excepcional y carente de continuidad como el nacional-catolicismo para el franquismo temprano, si añadimos algo menos de un orden de magnitud a la duración del nacional-catolicismo. Lo que importa: que ninguno ha dejado huella en los que vinieron después. O también: ¿Por qué se cita a Ibn Sina o Ibn Rusd como ejemplos, y no a lo que hacen almorávides y sobre todo almohades con la cultura y, ya puestos, con la gente?
  4. Sin negar el papel araboislámico en la preservación de la cultura grecolatina, hay que colocarla en su justa medida y sumarla a un esfuerzo continuado mucho mayor, en el que destacan esfuerzos cristianos occidentales (la Escuela de traductores de Toledo, y no sería una excepción) y sobre todo Bizancio.
  5. Conectar Mu’tazila con el Renacimiento, y el Renacimiento con la revolución francesa, es desconocer las implicaciones del principal suceso de 1453. Conectar Mu’tazila con Revolución Francesa primero, y con democratización después, es una aberración intelectual.

seguimos

 Es por ello por lo que entender Al Ándalus como “un paréntesis” es amputar parte de los cimientos de la Historia de España y Europa.

No se puede negar que Al-Andalus tiene merecido un lugar propio en la historia de la cultura, sobre todo y principalmente durante el califato Omeya. Sin embargo, tampoco se puede seguir con la imagen simplista y sesgada de Al-Andalus como un paraíso de la cultura y única salvaguarda del helenismo. Las Taifas no fueron una excepción respecto al fin de Mu’tazila y, de hecho, Moshe ben Maimun no tuvo que salir de la península perseguido por los cristianos, precisamente. Lo que es más importante: sin negar las aportaciones araboislámicas a la historia y cultura nacionales, sí que son un paréntesis. Antes de ellos hubo reinos cristianos, con ellos hubo reinos cristianos y tras ellos hubo reinos cristianos, mientras que en el resto de Europa sólo había reinos cristianos durante todo ese período. No es una amputación, sino una descripción.

El autor se refiere a la reconquista como ese “mito nacionalcatólico”, en referencia ya obsesiva a un corto y nada significativo período que él no vivió. Me había descuadrado esa referencia, sabiendo que Inocencio III llamó a la cruzada contra los almohades y que 1212 es una fecha tan, tan fácil que todo el mundo la puede recordar.

Concretamente, afirma que

El cardenal Cañizares estaba apelando al concepto de “Reconquista”, un término inventado y popularizado por historiadores y arabistas de tendencia nacionalcatólica durante los siglos XIX y XX, puesto que nunca antes se refirió nadie al proceso de conquista cristiana de la península ibérica con ese nombre.

Dejando aparte que el nacional-catolicismo no puede ser franquista en el siglo XIX, esa negación absoluta y sin matices de la Reconquista me descolocaba… hasta que di con la entrada en la wikipedia en inglés sobre la Reconquista

Traditional historiography has stressed since the 19th century the existence of the Reconquista,[5] a continuous phenomenon by which the Christian Iberian kingdoms opposed and conquered the Muslim kingdoms, understood as a common enemy who had militarily seized territory from native Iberian Christians.[6] […]

The modern idea of the earlier concept of Reconquista is inextricably linked to the foundational myths of Spanish nationalism in the 19th century, and consolidated by the mid-20th century during Franco’s National-Catholic dictatorship, based on a strong underlying Castilian ideological element.[12] The idea of a “liberation war” of reconquest against the Muslims, depicted as foreigners, suited well the anti-Republican rebels during the Spanish Civil War who agitated for the banner of a Spanish fatherland threatened by regional nationalisms and communism.[12] Their rebellious pursuit was thus a crusade for the restoration of the Church’s unity, where Franco stood for both Pelagius of Asturias and El Cid.[12]

Caramba, qué coinsidensia, que dirían Les Luthiers. Ya decía yo que una afirmación tan radical no tenía cabida académica hace más de una década. Posiblemente ahora tampoco en la historiografía académica, o eso quiero pensar. Que no vale todo, digo, y que en historiografía hay límites a la cantidad de ideología que se puede meter por página.

Empiezo a pensar, porque antes no me había parado a ello, que Al-Andalus no es nuestro orientalismo. No. Es una de las fuentes de complejo de hombre blanco, de culpabilidad transmitida como pecado étnico-original. Somos culpables porque Al-Andalus ya no es.

Y por cierto, tengo que insistir: considero que el autor carece de solvencia para criticar a arabistas como Serafín Fanjul de un plumazo. Conozco personalmente a Fanjul, y encasillarle en la visión maniquea que recoge el texto es asumir que la labor académica ha descendido a estas profundidades simplistas. De la misma manera, otra de las 11 menciones al nacionalcatolicismo ha sido dedicada a Roca Barea y su Imperiofobia y la leyenda negra, lo que me lleva a pensar que todo lo que no encaje con la visión idealizada de Al-Andalus es reo de nacionalcatolicismo. A qué me sonará eso…

Voy acabando. Me preocupa, y mucho, que jóvenes que han dedicado tanto tiempo y dinero a estudios acaben con una visión tan poco académica de un tema tan complejo como es Al-Andalus, su historia o las escuelas teológicas sunníes. No es un tema que merezca despacharse con clichés, trincheras, blancos y negros. Son cuestiones a las que han dedicado su vida activa bastantes generaciones de académicos extremadamente talentosos, con nivel suficiente como para sumergirse durante décadas en la biblioteca Muley Zidán y llegar a conclusiones a la altura de la complejidad del problema.

Puestos a terminar, lo haré negando la mayor: que los distintos grupos salafistas amenacen a España sacando fotos de edificios musulmanes y mencionando a la guerra santa no es nuestra responsabilidad. No les hemos provocado, no hay justificación alguna y no es decente calificar de islamófoba la publicación de fotos amenazantes del Daesh mencionando a Al-Andalus y a que van a volver.

no matamos a Manolete. Eso lo hizo Islero.

Cada uno es responsable de sus actos, o como mucho coparticipa artropódicamente de los colectivos. Se mire como se mire, no podemos ser responsables de los actos de propaganda de Daesh. Señores bienpensantes: no nos estigmaticen como islamófobos por dar a conocer al público las amenazas de los salafistas contra los invasores de Al-Andalus. Si profundizan en sus estudios y/o (mejor y) viajan a un país musulmán el tiempo suficiente, terminarán por entender que:

  1. La islamofobia no alimenta el salafismo. Desgraciadamente, el salafismo alimenta la islamofobia… y el buenismo bienpensante también: acusar a la ligera de islamófobo a todo el que no piense como uno genera una obvia reacción en quien no tiene contacto con el conocimiento académico sobre el Islam, pero tiene humana capacidad para sentirse insultado
  2. Si alguien está harto del salafismo es el musulmán de a pie. Mucho, mucho, MUCHO más que nosotros. El musulmán quiere vivir en paz, criar a sus hijos, cuidar de sus padres y traer el pan a casa. Como todos los demás seres humanos.

Me empiezo a dar cuenta de la urgente necesidad de desideologizar amplios segmentos de la actividad académica. Habiendo tanto dinero y poder por medio, dudo de si es posible o si estamos a tiempo, pero creo que habría que intentarlo.

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