Los Eloi, la IA y el paro

Los Eloi, la IA y el paro. Una propuesta

No pasan más de unas semanas, en el mejor de los casos, hasta que otro analista, (o “analista”, o anal-ista), nos vuelve a advertir de cómo la IA o la robótica van a acabar con decenas de zillones de puestos de trabajo. Para ‘demostrarlo’, sacan a la palestra ejemplos incompletamente ilustrativos o directamente chuscos.

Vamos a dejar aparte la cuestión de la IA. Es apasionante discutir si alguna vez veremos IAs fuertes o procesamiento avanzado de lenguaje natural más allá de modelos estocásticos apañaos, pero no es lo que me importa para este post. Seré insinceramente optimista y, para los propósitos de este post, asumiré decisivos progresos en el campo que acabarán con muchos puestos de trabajo.

El problema, o la broma, es dar el salto a que las pérdidas de trabajo serán masivas y que habrá que hacer algo para dar ingresos y hasta actividad con sentido a la mayoría desempleada. El problema es doble:

  1. La mecanización de la agricultura y la globalización se liquidaron, ellas solas, más puestos de trabajo y sectores de los que por lógica se puede fumigar la IA y los roboces. Pensemos en las cosechas que antes se hacían con guadaña y millones en el campo, o en amplios sectores industriales que se han trasladado a China.
  2. Quien afirma eso, o quien se lo traga, es un eloi. Es ese habitante del mundo futuro de H. G. Wells que se viste con ropas que no entiende de donde salen, y usa objetos que desconoce su procedencia. La diferencia, de momento, es que los morlock no se comen al augur del paro masivo. Pero ese augur, lo mismo que el eloi, no entiende de dónde salen los objetos y servicios que mantienen su modo de vida.

Más que de objetos, hablo de los servicios invisibles como los que llevan electricidad, gas y agua a nuestras casas. De las personas que cuidan a personas mayores y personas con discapacidad. Son cuatro ejemplos que conozco de primera mano y que, alejados como están de los servicios con los que se ganan la vida los articulistas que propagan el paroapocalipsis IAtico-robótico, son mucho más importantes que dichos servicios e insustituibles por recursos no humanos.

Ningún robot nos limpiará cuando seamos viejos. Ningún robot, o IA, instalará o mantendrá el suministro de agua, electricidad o gas. Estas cuatro tareas tienen en común la interacción con elementos físicos en un margen de variabilidad tan, tan elevado que no parece previsible que un recurso mecánico pueda hacerse cargo. Eso es fácil de imaginar para la limpieza corporal, pero os puedo asegurar que ocurre otro tanto con el suministro energético. Nunca es una tarea trivial o baladí. Incluso las instalaciones modernas construidas bajo criterios y normativas actualizados no se escapan de la casuística, por la sencilla razón de que hay demasiados elementos en juego. Y la limpieza, la electricidad, el gas o el agua son recursos demasiado importantes como para andarse con jueguecitos o experimentos.

Remontemos el vuelo. Desde poco antes de mi nacimiento (1971) hasta nuestros días, en España el sector agroganadero ha quedado reducido a su mínima expresión demográfica, el sector extractivo hace mucho que pasó su mejor momento, y el sector secundario-industrial pasó por n reconversiones, la integración europea y finalmente la globalización. Hemos perdido subsectores enteros y millones de puestos de trabajo en este período, y a nadie se le pasó por la cabeza preguntarse cómo se iba a emplear a las legiones de desempleados. De acuerdo que no había percepción de la amenaza de la IA y de la robotización (las cuales, para que no quede duda, me las creeré cuando sean indiscutibles, ni un segundo antes), pero había amenazas mucho más reales (se cierran minas, se cierran fábricas a mansalva, se fuerza a reducir cabezas de ganado o a cambiar cultivos, se introducen cosechadoras).

Podría decirse que en décadas anteriores había margen para reacomodar a los damnificados por las reconversiones de sus sectores, desde las jubilaciones y las compensaciones a las reconversiones personales a otros sectores. Por ejemplo, los pequeños empresarios y empleados de tiendas de comercio local tuvieron que reconvertirse vía jubilación o como pudieran cuando el panorama urbano local cambió y la población les dejó de lado, en favor de las superficies masivas. Al padre de uno de mis mejores amigos le pasó exactamente eso, y tuvo que emplearse con cincuenta y tantos en una empresa mediana de su sector para llegar mejor a la jubilación. Me parece más razonable asumir la recolocación y absorción de impactos laborales sectoriales que la llegada invasiva de las IAs a nuestros mercados laborales, más que nada por las pruebas acumuladas en el pasado sobre las recolocaciones.

Todo esto me lleva a una consideración mucho más pragmática. Los articulistas que venden miedo a la IA pueden entender que sus puestos de trabajo están en peligro. Estos mismos que no mostraron solidaridad apreciable hacia el tendero o el tornero-fresador que se quedaban sin curro, ahora nos advierten y, con ello, venden contenidos y viven del miedo.

Por repetir una afirmación miles de veces no se convierte en verdad… siempre que se necesite que pasen cosas. La repetición goebbeliana funciona en el campo de las creencias, pero no en el de la realidad práctica. Petabytes de avisos quejumbrosos y bosques talados para libros jeremíacos sobre la IA no van a afectar un ápice su advenimiento ni la fecha del mismo. Desde la ignorancia, me atrevo a asumir la aplicabilidad del mítico hombre-mes, de esa máxima de los 90 por la cual meter más gente en un proyecto no acelera la entrega del mismo. Si eso se aplica a una aplicación B2B, a la IA ni te cuento.

El problema de fondo no es sólo de estos eloi-articulistas. Es de todos, un servidor incluido. El problema que tenemos es que nos aburríamos en clase de ciencias sociales, o de pretecnología, o como se llamen ahora. O más allá, Durkheim como casi siempre tenía razón y la solidaridad orgánica de nuestra sociedad nos empuja a conocer como mejor podamos nuestra parcelita. Lo cierto es que no tenemos ni idea de cómo funciona casi nada: cómo llegan los suministros esenciales a casa, o cómo se distribuye la comida, o qué se hace realmente con la basura, o cómo son aún descritos a línea gruesa la gran mayoría de productos y servicios que mantienen nuestra calidad de vida.

Esto es así. No tiene mucha discusión. Yo puedo conocer algo de suministro energético por haber trabajado en ello, pero se me escapan muchísimas cosas de la mayoría de los demás sectores.

Pero sí tiene solución. Sin pretender llegar a gran nivel de detalle, podríamos al menos entender los rudimentos de sectores ajenos al nuestro. Podríamos empezar con wikipedia, y seguir con la panoplia infinita de recursos de aprendizaje y divulgación sobre los sectores más variados.

Estamos en un momento de la civilización más delicado de lo que parece, y más fácil de salirse de su curso y apuntar a un estado peor de las cosas. Una de las formas a nuestra disposición de evitarlo, o siquiera de aminorar el choque es entender cómo funciona nuestro paraíso del siglo 21.

Creo que esta pesquisa es crítica: es crítica para priorizar nuestras peticiones y urgencias como sociedad, y sobre todo es crítica para frenar a los populistas que nos vuelven a querer engañar, como hace 80 años. Dejando de ser elois, y entendiendo las bases de nuestra riqueza, la podremos apreciar y defender mejor.

Quizás es un esfuerzo excesivo para cada uno por su cuenta. Quizás requiera muchos cientos o aún miles de horas de recopilación y ordenación de la información.

Pero quizás, también, si hubiera más ciudadanos que estuvieran de acuerdo en que algo así es útil y necesario no se necesitaría tanto. Después de todo, sólo unos pocos centenares de miles hemos colaborado en levantar la mayor enciclopedia de la historia.

“Cómo-funciona-nuestro-mundo” (nombre beta para el que no me he tenido que despeinar) es un proyecto mucho más modesto que la wikipedia. Factible… creo que sí.

Ahí queda.

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