Está mal visto sentir orgullo de los mejores que te precedieron

Evento social no deseado. No daré más pistas, es suficiente como contexto. Por conjurar la insoportable nadería dialéctica, pongo sobre la mesa un cuadro de Ferrer Dalmau

pinturacarga

carga del Regimento de Caballería Alcántara nº 14 en el río Igan.

Se lo juro, señor agente, no tuve ánimo de provocar. Conté muy sucintamente la historia de cómo el Alcántara ganó la Laureada de San Fernando a título colectivo, y cómo los hechos heroicos de ese día son desconocidos en España. Comparé a esos valientes que dieron sus vidas por una causa mayor con los héroes de otros países de nuestro entorno que son ampliamente recordados y referenciados en las historias nacionales, y concluí que era otra prueba más de nuestro complejo y endofobia.

Respuesta: no estoy orgulloso de ningún hecho de armas. No creo que haya que estar orgulloso de ninguno.

La distancia era insalvable, y ahí acabó mi participación. De joven, como mis mayores, habría interpretado el tema en términos de testosterona y testiculina. Pero la falta de cojones dista mucho de ser una explicación satisfactoria. Dejando aparte la endofobia, que por cotidiana y extendida no deja de ser dolorosa y deprimente de cara al ¿futuro?, creo que hay algo aún peor, más descorazonador. Dejemos a un lado mi acierto como narrador. Dejemos también a un lado la certeza de la falta de simpatía hacia el que viste y calza. Con un mínimo de bonhomía se puede escuchar algo cierto y emotivo de labios inconvenientes.

No, sinceramente creo que el problema es el divorcio total con el hombre del pasado, aún del pasado reciente, y de sus valores. No digo que yo tenga particulares ganas de entregar la cuchara en un acto único y cinético, que tampoco es eso. Lo que digo es que muchos, posiblemente demasiados, sólo ven estupidez, borreguismo y victimismo pasivo en quienes entregan sus vidas por una causa que creen que merece la pena. Luego pueden hacer un paréntesis mental cuando ven “Salvad al soldado Ryan”, pero ocurre que esa cinta es parte de la cultura popular que luego se desarrolla en videojuegos. No pasa nada: es una peli y luego un videojuego.

Rechazar de plano el sacrificio supremo de los que nos precedieron, o admirar su constancia, perseverancia o ingenio en las circunstancias más difíciles posibles sólo habla de un tipo de persona sin sangre en las venas e incapaz de anteponer nada a su ego, su capricho del momento o su muy voluble sensibilidad. Me habla de uno más de una sociedad que está lista para la cosecha

P.S.: si no conocen la historia del Alcántara, les recomiendo que indaguen un poco. Hay artículos y podcasts de gran calidad narrando los hechos de ese día. Si lo hacen, será muy difícil que en algunos momentos no se emocionen hasta lo más profundo.

 

 

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