Gobierno de unidad nacional

Soy muy consciente de que lo que escribes online presenta una variante mefítica y chunga de la ley de Murphy: si te puede perjudicar, te perjudicará. Por ello, prudencia obliga, aunque las cosas son más fáciles cuando no tienes el límite de los 142 caracteres, tan proclive a la explosión rápida.

Desde el día 20, España está en una situación inédita. Nadie puede formar gobierno de forma clara. No estábamos preparados para ello, y al menos los prudentes nos tenemos semejante miedo como para preocuparnos hacia dónde pueden ir mal las cosas. En España se han tomado históricamente tantas malas decisiones que no sería de extrañar que no volviéramos a perder la oportunidad de perder una oportunidad.

En la España moderna, e incluso un poco antes, hemos tendido a la dicotomía. No era casual que Antonio Machado y otros grandes de nuestras letras hablaran de las dos Españas. Tampoco era casual que se olvidaran de la gran España de enmedio, la que perdía sistemáticamente cada vez que se enzarzaban los pares y los impares.

Carlistas y Cristinos, liberales y conservadores, una y otra vez reinventando un enfrentamiento que nunca traía nada nuevo. Incluso en los momentos de calma más oleosa, la Restauración tras la muerte de Alfonso XII, nuestro sistema se decantó por una alternancia entre dos opciones contrapuestas. Una alternancia que, como siempre cuando van bien las cosas, era ante todo paripé y pose, pero que facilitaba nuestro sino de escoger bando.

No somos los únicos. Mirándonos en el espejo anglosajón, tentaría pensarnos como ellos: con sistemas binarios estables, funcionales, cuya alternancia de poder mantiene a raya la corrupción y la arbitrariedad. Sin embargo, debajo de ese bipartisanismo hay una serie de conceptos y esencias más importantes y funcionales: la nación, el patriotismo, el sentido de Estado. A ellos les ha funcionado. Nosotros hemos tenido CUATRO guerras civiles desde la muerte de Fernando VII.

Sin embargo, hay otras naciones democráticas sin sistemas bipartidistas y que funcionan casi tan bién como el Reino Unido. Son naciones con sistemas más complejos, con partidos que crecen y encogen al son de los acontecimientos, pero cuyo sistema es lo suficientemente maduro como para sostener y no amenazar el sentido de Estado.

Cuando las cosas van mal en esos otros países, no es extraño que se formen gobiernos de unidad nacional. No es extraño, porque el sentido de Estado y el porvenir de la nación priman sobre intereses partidistas, y se da una unión temporal hasta que pasa eso, el temporal.

En Alemania, por ejemplo, el CDU de Merkel y el SPD (éste último, de nada menos que 141 añitos) se han coaligado. El CDU no podía gobernar de manera estable por su número de escaños, y la gobernabilidad de un país europeo es crítica desde 2008. No estoy tan al tanto de la política alemana como para asumir que ha sido o no sencillo lograr esa coalición, pero en esas están. Alemania, primero.

La coalición alemana es básicamente idéntica a lo que sería en España un gobierno de coalición PP-PSOE. Aquí hay ríos de espumarajos, hachas y rayos estridentes con la sola mención de esa posibilidad. Seguimos anclados en un esquema no bipartidista, sino de las dos Españas. Un esquema que la historia ha demostrado como profundamente dañino.

Precisamente, el final de la República de Weimar tuvo lugar por no poder llegar a gobiernos de unidad nacional. En lugar de afrontar juntos la crisis, tomaron otra opción más partidista, creyendo Von Papen que podría controlar a la Bestia.

No estamos en esa época. Tampoco estamos en Alemania. Pero entre esas dos opciones, quizás la Alemania actual sea la menos improbable, y desde luego la más apetecible.

Quizás le podríamos dar la vuelta a nuestro esquema multisecular y demostrarnos a nosotros mismos que, en circunstancias extraordinarias, nuestros representantes electos saben estar a la altura y anteponer el bien de España a cualquier otra consideración. Quizás, sólo quizás, ocurra lo “impensable” y las principales fuerzas democráticas lleguen a un acuerdo como el que disfruta frau Merkel desde 2013.

Entrecomillo a duras penas. Me entristece que demasiados españoles no admitan un pacto PP-PSOE-Cs. Precisamente, nuestro sistema democrático actual, el más estable, garantista y mejor que han disfrutado los españoles en nuestra larguísima historia, nació de una serie de acuerdos, pactos y un espíritu posibilista y de encuentro detrás de ellos. Dejando matices a un lado, en aquella época era evidente que había una opción menos mala que las demás. Esa opción era que todos cedieran para ganar todos, y que ganáramos los que éramos unos niños e íbamos a crecer en democracia.

No soy optimista. Se han cometido demasiados errores. La tostada ha caído demasiadas veces del lado de la mantequilla, y el suelo de la cocina está bastante resbaladizo. En la comunicación hemos descendido demasiado al abismo de las dos Españas.

Pero es posible. Quiero pensar que la situación es lo suficientemente evidente para quienes les toca decidir. Y, aunque no sea probable, quiero pensar en la oportunidad de que los que importan ahora antepongan el interés común.

 

Feliz 2016

Anuncios
Gobierno de unidad nacional

Un comentario en “Gobierno de unidad nacional

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s