Cada vez hay más prevención a hablar de política

Voy a hacer 45 años en unos meses. Y llevo uno de esos años viviendo una situación, para mí, inédita. Ni en otros picos de tensión social las personas con las que me relaciono de uno u otro modo eran tan reacios como ahora a hablar de política.

Nunca había vivido una situación de prevención severa. De tener cuidado con lo que dices y delante de quién. Y no hablo de mí, precisamente, que me puede la boca. O el corazón. O las tripas.

Incluso con gente de inclinación comparable, o que le tiene gato a los que tú también se lo tienes, te desvía la conversación, o la corta sin contemplaciones. Hay, insisto, una prevención que no acabo de comprender.

Me da la impresión de que es una prevención nacida de la incertidumbre. De no entender ni el terreno que ahora se pisa, ni el rumbo de la nave.

La prevención que sí entiendo es con los que no comparten tu gato. Con aquellos que gustan de los que te preocupan o incluso aterran. Ahí se ha generado un abismo donde parece obligatorio que tu blanco sea su negro.

Tengo para mí que ese abismo es deliberado y cultivado con mimo por los jardineros de la catástrofe. Por esa ralea infecta que es incapaz de convivir en paz y admitir la diferencia. Por el sectario que quiere talar y arrasar el mundo a su medida

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Cada vez hay más prevención a hablar de política

Tengo tu cara, no tu nombre

Pienso en una persona. Me ocurre a menudo. A la primera, sin esfuerzo, acude una cara. Una foto, o un recuerdo no mediado.

Pero su nombre se resiste. Rasco, rasco, rasco y no me viene.

Tengo esa cara en el espejo de mi mente, un amigo que se fue.

Y no me viene el nombre.

Me ha pasado tantas veces en esta década que ya no me hace sufrir ni me preocupa particularmente. Pero cada vez que me pasa, hay un momento más o menos largo en el que flota ante mí una cara que sé que tiene nombre.

¿Qué nombre?

¿Cómo se llamaba?

Y lo recuerdo, y descanso en un mundo otra vez completo

Tengo tu cara, no tu nombre

Venta de ARAMCO y pico del petróleo

Leo en el economista una reseña de la venta de ARAMCO por parte del gobierno saudí. La Arabian American Oil Company tiene una curiosa historia, pero no aplica al problema específico que quiero tratar hoy.

El problema lo enuncia el autor de eleconomista:

Por el lado de la oferta, han entrado varios competidores en el mercado del petróleo (EEUU, Canadá, Brasil o Irán); por el lado de la demanda el auge de las renovables y el uso cada vez más eficiente de los hidrocarburos han disminuido el apetito por el crudo.

El corolario de la parte en negrita de la cita, lo de la demanda, es evidente

Y mi abuela es una bicicleta

¿Disminuir el apetito por el crudo gracias a las renovables?

Tenemos un problema, señores. Un problema que hace más de 100 años definió Durkheim como la solidaridad orgánica. El excelso y casi olvidado padre de la sociología moderna definía la cohesión de una sociedad moderna como la profunda y compleja interdependencia entre individuos de capacidades especializadas. Este concepto, que no tiene mucha discusión, presenta una interesante consecuencia: muchas áreas de actividad de una sociedad moderna son cajas negras para la mayoría de la sociedad que no están involucradas en dichas áreas. Por ejemplo, muy pocos entienden las dificultades de mantener un “cóctel” de fuentes de generación de electricidad que responda bien tanto a la curva de consumo diaria como a las variaciones estacionales. Y por la misma razón, muy pocos conocen ni los detalles más básicos de nuestra asombrosa cadena logística que pone en nuestras manos los productos y materias primas que mantienen la calidad de vida de nuestra sociedad de consumo

Repito: ¿Disminuir el apetito por el crudo gracias a las renovables?

Vale.

¿Va a disminuir en modo alguno la demanda de crudo para la agroindustria (insecticidas, fungicidas, etc.) gracias a las renovables? Y sin esos productos, ¿Alguien sueña con mantener el nivel de producción de alimentos actual?

Sigamos

¿Son sustituibles a corto plazo las distintas opciones de generación de electricidad de origen fósil por fuentes renovables? En verano, p.e., cae a plomo la generación eólica. La solar fotovoltaica tiene el obvio límite nocturno, y la hidroeléctrica ya ha llegado hace muchos años a su límite en buena parte del mundo (por no hablar de que donde toca sequía, baja en consonancia)

¿De dónde vamos a sacar ese plástico que, de pura abundancia, lo ignoramos por completo? ¿De dónde sino del petróleo?

Incluso en el transporte el problema es irresoluble. A las personas que no han dedicado atención a la logística, sus necesidades y sus consecuencias sobre toda la sociedad, no se les ha ocurrido que hay una flota de cientos de millones de vehículos terrestres y marítimos que la hacen posible. Esto genera varios problemas:

  1. Un motor eléctrico es increíblemente eficaz para potencias reducidas, pero hasta la fecha no ocurre lo mismo conforme subimos las necesidades de potencia y par. El problema no es del motor en sí, sino de la capacidad de almacenamiento de electricidad: no hay una relación lineal entre aumento de potencia y volumen del almacenamiento. Incluso con la tecnología madura más moderna, la de ión de litio, se da esta relación debido al blindaje que necesitan las células
  2. Hay que insistir: tenemos una flota de cientos de millones de vehículos logísticos, desde las minifurgonetas japonesas hasta los monstruosos portacontenedores de NORSK y todas las variaciones terrestres y marítimas por medio. Sustituirlos a corto plazo es inviable. Pero es igual de inviable remotorizarlos con motores y baterías eléctricas.
  3. El litio en sí mismo. Ahora “no es un problema” para la electrónica de consumo y la flota anecdótica de vehículos particulares eléctricos e híbridos. ¿Cómo se podría extraer suficiente litio para motorizar y mantener una parte significativa de la flota logística? De ninguna manera, al menos a corto plazo. Ni está claro de que dispongamos de esas reservas extraíbles.
  4. Finalmente, pero no por ello menos importante, haría falta levantar una monstruosa red de carga de los vehículos eléctricos que hoy no existe. Los distintos vehículos logísticos terrestres tendrían que estar parados horas mientras recargan sus baterías, y harían falta enormes espacios para aparcar esos vehículos, con puntos de suministro de una elevada capacidad para recargar las baterías que puede necesitar un camión eléctrico. Eso, o levantar otro sistema igualmente complejo de recambio de baterías gastadas por cargadas, que necesitaría su propia y enorme cadena logística.

Otro tanto ocurre con las actividades extractivas. Los grandes vehículos agrícolas y sobre todo mineros consumen cantidades ingentes de petróleo, y aún son más complejos de operar con motores eléctricos por las razones antes expuestas.

También podríamos resumir el problema de esta manera: no conocemos ninguna manera de almacenar energía de forma estable con la densidad que nos permiten los combustibles fósiles.

Y fijaos: de lo único que se habla para estos casos es de los coches eléctricos. O, como mucho, de los acumuladores para las instalaciones de autoproducción fotovoltaica. No se piensa en necesidades industriales y logísticas, ocultas a nuestros ojos como estaban los morloks en el mundo futuro de Wells, pero tan imprescindibles como los morloks para los eloi.

Otro ejemplo, esta vez de un interesante artículo de warisboring, que peca de la misma falta de visión sobre el problema:

increased fuel efficiency in the United States, the world’s leading oil consumer, began to have an effect on the global energy picture. At the height of the country’s financial crisis, when the Obama administration bailed out both General Motors and Chrysler, the president forced the major car manufacturers to agree to a tough set of fuel-efficiency standards now noticeably reducing America’s demand for petroleum

o también

While newly affluent consumers in China and India continue to buy oil-powered automobiles — albeit not at the breakneck pace once predicted — a growing number of consumers in the older industrial nations are exhibiting a preference for hybrid and all-electric cars, or for alternative means of transportation.(…) These trends have prompted some analysts to predict that global oil demand will soon peak and then be followed by a period of declining consumption. Amy Myers Jaffe, director of the energy and sustainability program at the University of California, Davis, suggests that growing urbanization combined with technological breakthroughs in renewables will dramatically reduce future demand for oil.

Fijaos: las actividades extractivas y logísticas no aparecen por ninguna parte. Anima a pensar que muchos de los autores, sesudos o no, se dejan llevar por la más simple de las experiencias: salen de su casa, llegan a la calle y ven coches por todas partes. Con mucha probabilidad, se suben a uno con frecuencia, si no es que diariamente. Lo más probable es que el vehículo privado juegue un papel importante o incluso crítico en sus vidas (pensemos en más del 50% de estadounidenses que viven en conurbaciones o suburbia, para quienes el coche es obligatorio); sin embargo, también es probable que no tenga experiencia directa de vehículos logísticos, y que éstos no formen parte de su vida cotidiana directa. El coche es esencial, y el camión es invisible. La cosechadora o el camión minero son, directamente, criaturas legendarias para la mayoría de los que escriben en medios generalistas sobre el mercado del petróleo.

Está claro qué es lo que no puede implicar la venta de ARAMCO. No puede implicar que vamos a una economía post-petróleo, tal y como nos la quieren vender, o que el petróleo “está dejando de ser rentable”, o que “el auge de las renovables disminuye el apetito de crudo”.

Eso sólo lo pueden decir los eloi haciendo el avestruz y, por lo tanto, con el culo en pompa.

Lo que no tengo claro es lo que implica

Entré en contacto con el peak oil en 2005. La idea me pareció tan evidente que lo único que me dediqué es a profundizar en ella, en sus detalles y en sus consecuencias.

El enunciado, en sí mismo, no tiene discusión posible. Bueno, sí: unos señores eslavos crearon hace varias decenas de años la hipótesis abiogenética del petróleo,  y otros señores americanos la resucitaron a partir de su rechazo a la idea del peak oil. Juzgadla vosotros mismos 🙂

Dado el origen biológico del petróleo, es evidente que no es reemplazable en el lapso de tiempo de nuestras vidas, o aún de nuestra civilización. Por otra parte, la vida de un campo o zona petrolífera es conocida: durante una serie de años se puede conseguir una cierta producción, pero llega un momento en el que se ha extraído la mitad de la cantidad posible de extraer y, a partir de ahí, la producción desciende hasta cantidades muy modestas o incluso para.

Por poner un ejemplo, Cantarell en Méjico mantuvo su producción desde los años 70 hasta 2003. A partir de ese año, por más que se intentaron distintos métodos como la inyección de nitrógeno, no fue posible mantener su actividad y ha pasado de 2.1 millones de barriles en su pico a menos de 500.000. De hecho, Hubert enunció su teoría del pico del petróleo a partir del histórico acumulado de producción de petróleo convencional en USA.

La teoría del pico del petróleo asume que somos demasiado listos y hacendosos. Asume que somos capaces de localizar los distintos yacimientos de petróleo, de los fáciles y productivos a los difíciles y más problemáticos, y los explotamos tan rápido como podemos. Así las cosas, el resultado es que llegará un momento en el que hayamos extraído más de la mitad del petróleo convencional disponible y, a partir de ahí, bajará la cantidad de petróleo que podamos extraer al día Y nos costará cada vez más caro (en términos energéticos) cada barril.

Que haya menos petróleo disponible tiene consecuencias muy serias. Más serias cuantos más países se desarrollan y más seres humanos aspiran al modo de vida que permite la riqueza del petróleo. Precisamente cuando los habitantes de los BRIC subían su nivel de vida es cuando posiblemente hayamos alcanzado el pico del petróleo convencional. Es posible que el año haya sido 2015, porque eso sólo se puede conocer a posteriori debido, entre otras cosas, al secretismo con el que conducen sus actividades algunos de los países productores de petróleo.

Pensadlo: si fuera posible seguir descubriendo nuevos campos convencionales al ritmo que demanda la economía mundial actual, ¿Por qué se ha desarrollado tanto la actividad en los campos de arenas bituminosas? Pensad que la extracción de petróleo de esas arenas es mucho más caro que la extracción del petróleo convencional: hay que separar el bitumen y someterlo a procesos químicos para obtener petróleo siquiera refinable. De la misma manera, ¿A santo de qué se desarrollaría tanto el fracking, que es aún menos rentable?

Mi problema es que no tengo claro el momento en el que estamos ni el escenario futuro cercano. No se conoce con suficiente exactitud si el peak oil del petróleo convencional mundial ha tenido lugar en 2015. De hecho, recuerdo que en 2005 se contaba con 2008 ó 2010 como fecha del peak oil completo. Incluso los radicales hablaban de que ya había tenido lugar. Trabajar con datos imprecisos es lo que tiene.

De la misma manera, tampoco tengo claro el comportamiento futuro de la extracción de petróleo, de la economía o de nuestra civilización. Se me escapa. Soy una hormiguita tratando de entender una red de hormigueros de miles de kilómetros, como los de la hacendosa Linepithema Humile, que es tan cachonda que comparte feromonas identificativos con las hormigas de otros hormigueros de su especie y no guerrean entre ellas. De esta manera, todos los hormigueros de una zona en la que habiten de forma continuada se pueden considerar como un monstruoso hormiguero, como ocurre en la costa entre Valencia y Marsella, más o menos.

El problema es monstruosamente complejo. Tiene dos límites cerrados: ni podemos mantener nuestro actual modo de vida de manera indefinida, ni mañana (o la semana que viene, o el año que viene) va a llegar el mad max, el mineralismo y nos pondremos estupendos con ropa de cuero envejecida antes de entrar en la cúpula del Trueno.

Dentro de esos límites, no tengo nada claro qué puede pasar. Si bien es terriblemente cierto ese aforismo de que con la naturaleza no se negocia, creo que tampoco se puede ser maximalista con ello. Nuestra especie ha demostrado ser extraordinariamente adaptable cuando llega la ocasión. El peak oil no permite asumir que nuestra vida cotidiana va a continuar incólume, pero en tanto que hablamos de una civilización planetaria tampoco podemos caer en que sea probable una situación como la que Jared Diamond relata en Colapso.

Mi idea básica es que bajará la calidad de vida a la vez que aumentará la incertidumbre. Pero me resulta imposible entrar en detalles. No sé qué capacidad general de adaptación lograremos poner en marcha, y sobre todo no soy capaz de imaginar como nos afectará a los europeos y a los españoles en particular. Tampoco tengo claro hasta dónde nos hará descender el peak oil. Entre los peak oilers hay una facción madmaxista, o casi, que no ven un fin o tope claro a dónde se supone que vamos a descender. No conceden la oportunidad de que se tomen las decisiones adecuadas, o que haya margen técnico para parar el descenso en cierto momento. Su visión es la de un mundo que ha descendido a niveles preindustriales de insumo energético, y donde las guerras se han cobrado un altísimo precio en todo el planeta. No digo que no sea posible, pero me parece absurdo plantearlo como el único escenario posible. Es más, me invita a pensar que hay cierto sesgo psicológico para ese escenario, una desesperanza que sesga sin remedio el análisis y le induce a una variante oscura del cherry picking.

En el campo peakoiler, en general, hay tentaciones recurrentes de sobreestimar la importancia del peak oil inicial en fenómenos actuales que son complejos y que no son la primera vez que ocurren. Sequías prolongadas en sociedades debilitadas que permiten que del descontento se salte a la guerra civil. Crisis económicas potenciadas por una mala gestión política y, como me describió felizmente un informante hace años, una “cadena de decisiones equivocadas”. A muchos de esos sucesos se les pone al peak oil como uno de los motores causales principales. Una vez más, no digo que no sea posible. Digo que no se puede asegurar, ni mucho menos, que sea así. Y que hay precedentes de hechos perfectamente comparables anteriores a la era del Petróleo.

Creo que es pronto para atribuir ningún suceso o tendencia importante al peak oil. Incluso no tengo nada claro que esté teniendo algún efecto en estos meses, o que seamos capaces de identificarlo a tiempo antes incluso de dos años. A toro pasado, claro, pero eso no cuenta.

Esto me devuelve al comienzo. ¿Qué significa realmente la venta de ARAMCO? Como dije, nada que tenga que ver con “la economía post-petróleo” a menos que, efectivamente, la abuela del autor fuera una bicicleta. Tampoco me parece probable que sea un efecto directo del peak oil mundial, precisamente porque hablamos de Arabia Saudí.

A mí, al menos, me falta información. Creo que falta información pública, y no he encontrado todavía a nadie que me dé una explicación que me convenza realmente, que pueda comprar. Ni de ARAMCO, ni de otros sucesos comparables como la evolución del precio del petróleo.

Venta de ARAMCO y pico del petróleo

Gobierno de unidad nacional

Soy muy consciente de que lo que escribes online presenta una variante mefítica y chunga de la ley de Murphy: si te puede perjudicar, te perjudicará. Por ello, prudencia obliga, aunque las cosas son más fáciles cuando no tienes el límite de los 142 caracteres, tan proclive a la explosión rápida.

Desde el día 20, España está en una situación inédita. Nadie puede formar gobierno de forma clara. No estábamos preparados para ello, y al menos los prudentes nos tenemos semejante miedo como para preocuparnos hacia dónde pueden ir mal las cosas. En España se han tomado históricamente tantas malas decisiones que no sería de extrañar que no volviéramos a perder la oportunidad de perder una oportunidad.

En la España moderna, e incluso un poco antes, hemos tendido a la dicotomía. No era casual que Antonio Machado y otros grandes de nuestras letras hablaran de las dos Españas. Tampoco era casual que se olvidaran de la gran España de enmedio, la que perdía sistemáticamente cada vez que se enzarzaban los pares y los impares.

Carlistas y Cristinos, liberales y conservadores, una y otra vez reinventando un enfrentamiento que nunca traía nada nuevo. Incluso en los momentos de calma más oleosa, la Restauración tras la muerte de Alfonso XII, nuestro sistema se decantó por una alternancia entre dos opciones contrapuestas. Una alternancia que, como siempre cuando van bien las cosas, era ante todo paripé y pose, pero que facilitaba nuestro sino de escoger bando.

No somos los únicos. Mirándonos en el espejo anglosajón, tentaría pensarnos como ellos: con sistemas binarios estables, funcionales, cuya alternancia de poder mantiene a raya la corrupción y la arbitrariedad. Sin embargo, debajo de ese bipartisanismo hay una serie de conceptos y esencias más importantes y funcionales: la nación, el patriotismo, el sentido de Estado. A ellos les ha funcionado. Nosotros hemos tenido CUATRO guerras civiles desde la muerte de Fernando VII.

Sin embargo, hay otras naciones democráticas sin sistemas bipartidistas y que funcionan casi tan bién como el Reino Unido. Son naciones con sistemas más complejos, con partidos que crecen y encogen al son de los acontecimientos, pero cuyo sistema es lo suficientemente maduro como para sostener y no amenazar el sentido de Estado.

Cuando las cosas van mal en esos otros países, no es extraño que se formen gobiernos de unidad nacional. No es extraño, porque el sentido de Estado y el porvenir de la nación priman sobre intereses partidistas, y se da una unión temporal hasta que pasa eso, el temporal.

En Alemania, por ejemplo, el CDU de Merkel y el SPD (éste último, de nada menos que 141 añitos) se han coaligado. El CDU no podía gobernar de manera estable por su número de escaños, y la gobernabilidad de un país europeo es crítica desde 2008. No estoy tan al tanto de la política alemana como para asumir que ha sido o no sencillo lograr esa coalición, pero en esas están. Alemania, primero.

La coalición alemana es básicamente idéntica a lo que sería en España un gobierno de coalición PP-PSOE. Aquí hay ríos de espumarajos, hachas y rayos estridentes con la sola mención de esa posibilidad. Seguimos anclados en un esquema no bipartidista, sino de las dos Españas. Un esquema que la historia ha demostrado como profundamente dañino.

Precisamente, el final de la República de Weimar tuvo lugar por no poder llegar a gobiernos de unidad nacional. En lugar de afrontar juntos la crisis, tomaron otra opción más partidista, creyendo Von Papen que podría controlar a la Bestia.

No estamos en esa época. Tampoco estamos en Alemania. Pero entre esas dos opciones, quizás la Alemania actual sea la menos improbable, y desde luego la más apetecible.

Quizás le podríamos dar la vuelta a nuestro esquema multisecular y demostrarnos a nosotros mismos que, en circunstancias extraordinarias, nuestros representantes electos saben estar a la altura y anteponer el bien de España a cualquier otra consideración. Quizás, sólo quizás, ocurra lo “impensable” y las principales fuerzas democráticas lleguen a un acuerdo como el que disfruta frau Merkel desde 2013.

Entrecomillo a duras penas. Me entristece que demasiados españoles no admitan un pacto PP-PSOE-Cs. Precisamente, nuestro sistema democrático actual, el más estable, garantista y mejor que han disfrutado los españoles en nuestra larguísima historia, nació de una serie de acuerdos, pactos y un espíritu posibilista y de encuentro detrás de ellos. Dejando matices a un lado, en aquella época era evidente que había una opción menos mala que las demás. Esa opción era que todos cedieran para ganar todos, y que ganáramos los que éramos unos niños e íbamos a crecer en democracia.

No soy optimista. Se han cometido demasiados errores. La tostada ha caído demasiadas veces del lado de la mantequilla, y el suelo de la cocina está bastante resbaladizo. En la comunicación hemos descendido demasiado al abismo de las dos Españas.

Pero es posible. Quiero pensar que la situación es lo suficientemente evidente para quienes les toca decidir. Y, aunque no sea probable, quiero pensar en la oportunidad de que los que importan ahora antepongan el interés común.

 

Feliz 2016

Gobierno de unidad nacional